La adopción de soluciones basadas en microorganismos dentro del sector hortofrutícola ha dejado de ser una práctica orientada a intervenciones puntuales para convertirse en un factor técnico integrado en las estrategias de protección y nutrición de los cultivos.

Con la paulatina retirada de materias activas sintéticas, sumada a las normativas europeas que promueven un sistema alimentario sostenible desde la producción hasta el consumidor final, se ha acelerado la transición hacia un modelo donde la biología del suelo y la biotecnología aplicada determinan la eficiencia en el campo. Como consecuencia, se está priorizando una producción que respete el entorno y ofrezca alimentos seguros, así como favorecer el concepto del huerto a la mesa, una realidad que marca el paso del sector.

Hace apenas unos días publicamos en nuestro hub hermano Bioestimulantesagricolas.net una entrevista bajo el título El biocontrol y la evolución de la agricultura microbiológica. A raíz de aquella publicación, y tras mantener una enriquecedora conversación con su protagonista, Ángel Donat Navarro, Ingeniero Agrícola y Director Comercial en Morera BioChem, hemos querido desarrollar este artículo para profundizar en cómo estas tecnologías se aplican en el día a día de nuestras áreas de cultivo.

Con más de un cuarto de siglo de trayectoria en la agronutrición y la sanidad vegetal, Ángel nos ha aportado una visión clara de cómo la microbiología ha pasado de los ensayos de laboratorio a consolidarse en las explotaciones comerciales de mayor rendimiento, un conocimiento de gran valor tanto para el profesional del campo que gestiona pequeñas parcelas como para aquél de grandes extensiones.

Y un apunte más. Esta tecnología, aunque suele ir adentrándose en el mundo de la bricojardinería o el bricohuerto con unos años de retraso, su implantación también se instalará.

Ángel Donat Navarro

El camino hacia la comprensión de la microbiología y el biocontrol en el sector agrícola

Para entender el momento actual de las soluciones biológicas, resulta ilustrativo repasar las etapas que han marcado su incorporación al mercado. Como hemos avanzado, la vinculación de Ángel Donat con el sector supera los veinticinco años, iniciándose a principios de la década de los dos mil dentro del ámbito de los agroquímicos tradicionales.

Fue en el año 2004 cuando orientó su actividad hacia la biotecnología agrícola aplicada, incorporándose a una firma volcada en la investigación y el uso de microorganismos. Durante aquel periodo, trabajó de forma directa con diversas cepas de hongos entomopatógenos, bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR) y extractos microbianos, evaluando su comportamiento real sobre el terreno.

A partir del año 2005, asumió el desarrollo de estas tecnologías en la Región de Murcia (España), una zona de gran tradición hortofrutícola. Por aquel entonces, plantear el uso de herramientas de biocontrol para abordar patologías radiculares endémicas en cultivos de hortalizas, o la aplicación de bacterias para optimizar parámetros de calidad en frutales, se percibía con un amplio escepticismo por parte de los productores.

Estas soluciones se contemplaban únicamente cuando los tratamientos químicos convencionales resultaban insuficientes. En este contexto, demostrar al agricultor que la microbiología aplicada poseía un recorrido técnico agronómico propio, requirió un trabajo continuado a pie de campo, evidenciando que estas herramientas son válidas para cualquier sistema de producción y no están acotadas únicamente a la agricultura ecológica o a los momentos previos a la recolección para evitar residuos.

La microbiología y el biocontrol más allá de la simple sustitución de insumos

Uno de los conceptos más importantes que se desprenden de nuestra charla es la definición técnica que debe otorgarse hoy al biocontrol. Este concepto no debe entenderse como la mera sustitución de un producto químico por un microorganismo, ni como una confrontación entre dos modelos agrícolas opuestos. Desde el punto de vista agronómico, esa interpretación resulta errónea.

El biocontrol constituye una herramienta complementaria dentro del programa global de manejo del cultivo. Las síntesis químicas mantienen su cometido en determinados escenarios, mientras que los productos de origen biológico aportan modos de acción alternativos que incrementan la eficacia global y reducen la presión de selección de resistencias en los patógenos.

La aportación del biocontrol va mucho más allá de la obtención de cosechas con un menor nivel de residuos. Su utilidad se basa en que, mediante la selección de la cepa adecuada y su aplicación en el momento oportuno, ofrece una respuesta técnica concreta ajustada al tipo de cultivo, a las variables ambientales y a la presencia del patógeno.

Además, los microorganismos operan a través de una diversidad de mecanismos muy interesantes, como la competencia por espacio y nutrientes en la rizosfera, la antibiosis, el parasitismo directo sobre los patógenos, la inducción de defensas sistémicas en la planta o la propia estimulación del desarrollo del sistema radicular.

Por todo ello, la gestión microbiológica necesita de un conocimiento técnico adecuado, ya que no consiste en elegir entre sanidad química o biológica, sino en integrar cada recurso en el momento de mayor rendimiento agronómico.

El conocimiento agronómico del productor y del técnico sobre la microbiología en el biocontrol

A lo largo de los últimos años, la percepción de los técnicos y de los propios agricultores respecto al uso de microorganismos ha evolucionado de forma muy positiva.

El cambio importante se encuentra en el criterio de aplicación. A comienzos de la década de los dos mil, como comentaba Ángel Donat, los tratamientos microbiológicos se empleaban como último recurso. Ante una respuesta que no cumplía las expectativas, la conclusión habitual era cuestionar la eficacia general de la tecnología biológica.

En la actualidad, el sector dispone de una mayor formación agronómica. Los profesionales comprenden que la respuesta de una formulación microbiana depende del protocolo de trabajo en su conjunto, abarcando parámetros tan importantes como las condiciones edafoclimáticas de la finca, la oportunidad de la aplicación en el ciclo fenológico y la dosificación adecuada. Esta evolución interpretativa evidencia la mayor formación de los profesionales del campo.

A esta transformación también han contribuido las normativas sobre materias activas y las peticiones de la cadena de distribución comercial de cereal, frutas y hortalizas, como también la del sector de la ganadería en cuento a forrajeras se refiere.

Sin embargo, el factor determinante ha sido la constatación en campo de la eficacia técnica y el retorno económico que aportan estas herramientas cuando se planifican correctamente desde el inicio de la campaña.

Cultivos de pimientos tipo lamuyo con biocontrol

El escenario productivo español como banco de pruebas europeo sobre biocontrol

Dentro del contexto europeo, España representa uno de los núcleos productivos y de desarrollo tecnológico más relevantes y destacados, como así lo confirman los datos macroeconómicos. Durante el año 2024, la producción española supuso casi una cuarta parte del volumen de las hortalizas frescas de toda la Unión Europea, más de la mitad de los cítricos, una quinta parte de la uva y cerca del veinte por ciento de las frutas no cítricas.

Por otra parte, las exportaciones hortofrutícolas superaron los doce millones de toneladas, representando una cuarta parte del comercio intracomunitario en este sector.

Más allá del volumen comercial, la relevancia de España se basa en la gran diversidad y especialización de sus sistemas agrícolas. A lo largo de nuestra geografía ibérica e islas, se combinan esquemas de cultivo protegido bajo plástico, producciones al aire libre, grandes extensiones de cítricos, frutales de hueso y pepita, el cultivo de frutos rojos y plantaciones tropicales bajo un amplio abanico de suelos y microclimas.

En este amplio escenario, cuando una solución microbiológica valida su eficacia en zonas de alta intensidad agronómica como por ejemplo, en Almería, Murcia, Valencia, Huelva, Aragón o Islas Canarias con su particular clima subtropical, demuestra su viabilidad técnica en condiciones de campo realmente exigentes. Por este motivo, la agricultura española actúa como un centro de validación biotecnológica donde los formulados microbiológicos deben certificar su integración en programas comerciales y su rentabilidad real.

La investigación y desarrollo de la microbiología desde la proximidad

Para dar respuesta a estas necesidades del campo, el papel de las empresas especializadas es fundamental. En nuestra charla abordamos la trayectoria de Morera BioChem, una compañía que inició su andadura en la localidad valenciana de Chiva en 1965, muy vinculada al desarrollo de la citricultura y la agricultura de rendimiento. A lo largo de seis décadas, la empresa ha evolucionado hasta configurar un catálogo muy completo orientado a la sanidad y nutrición vegetal para mercados nacionales e internacionales.

El momento decisivo en esta trayectoria ha sido la implantación de su departamento de biotecnología, dotado de una completa infraestructura científica para la recogida, selección, caracterización y formulación de cepas fúngicas y bacterianas. Esta organización permite conectar la investigación teórica con la fabricación industrial y la recomendación agronómica a pie de parcela.

En cuanto al ámbito de la microbiología aplicada, el factor principal es asegurar la viabilidad del microorganismo y su posterior actividad metabólica en el entorno de la raíz o en la superficie de las hojas. Y en esta línea de trabajo, han desarrollado soluciones muy específicas que aportan un gran valor al manejo diario.

Encontramos formulados a base de cepas seleccionadas de Trichoderma spp, como TRICOFUNG, enfocados a la colonización del entorno radicular y al manejo de suelos con presencia de hongos patógenos endémicos.

También trabajan con consorcios bacterianos diseñados para la restauración del equilibrio microbiológico del suelo, actuando sobre la solubilización de elementos bloqueados y mejorando la asimilación de nutrientes, labor que realiza su producto MICROBIOL-3C.

Para completar esta estrategia integral, disponen de soluciones compuestas por microorganismos específicos orientados a preservar la sanidad foliar y radicular mediante la ocupación de nichos ecológicos y el mantenimiento de un buen estado vegetativo, representados en su catálogo por MICROBIOL-LIS y MICROBIOL-DAYO.

El objetivo tecnológico final de este catálogo de especialidades, consiste en ofrecer formulados estables que el agricultor pueda incorporar de forma regular y sencilla en sus calendarios de tratamiento.

Perspectivas de mercado del biocontrol y sus retos para la sanidad agrícola

Las previsiones económicas reflejan la clara consolidación de estas tecnologías en nuestro día a día. El mercado europeo del biocontrol mueve en la actualidad cifras superiores a los mil seiscientos millones de euros. A nivel global, las estimaciones para el sector de los insumos biológicos proyectan un crecimiento continuado para finales de esta década, donde el segmento específico de los microorganismos aplicados representará una parte fundamental de este volumen de negocio.

En ellos primos tiempos, el desarrollo de la microbiología agrícola no dependerá exclusivamente del aislamiento de nuevas cepas en el laboratorio, sino de la innovación en la ingeniería del producto terminado, porque los avances en la tecnología de formulación son claves, incluyendo mejoras en los vehículos de soporte, sustancias protectoras y estabilizantes que garanticen la vida útil del producto en el envase y su supervivencia ante la falta de riegos o los picos de temperatura en el momento de la aplicación.

Además, el aprovechamiento de los metabolitos secundarios, utilizando las moléculas activas sintetizadas durante los procesos de fermentación microbiana, permitirá obtener respuestas biológicas mucho más rápidas y específicas en la planta.

Para que todo este potencial científico se traslade de forma ágil a nuestras explotaciones agrícolas, el sector debe resolver dos condicionantes de gran calado. Además, resulta indispensable una adaptación del marco normativo que regule el registro de estos productos. Se precisa un entorno legislativo adaptado a las características biológicas reales de los microorganismos, con unos plazos y requerimientos que permitan la innovación y no restrinjan la capacidad de lanzar nuevos productos exclusivamente a los grandes grupos multinacionales.

Por otra parte, la cualificación técnica universitaria debe avanzar en paralelo. Las disciplinas asociadas a la microbiología aplicada, la compatibilidad de mezclas y la fisiología de la interacción entre la planta y el microorganismo, deben consolidarse en los planes de estudio de las universidades de ingeniería agrónoma. Solo así se garantizará que los técnicos asesores dispongan de unos criterios de prescripción bien fundamentados.

En definitiva, en todo este complejo contexto, vemos como el cuidado de nuestros cultivos evoluciona hacia una comprensión mucho más profunda de las interacciones naturales, en el que el suelo ha dejado de contemplarse como un simple soporte físico para entenderse como un ecosistema vivo donde las raíces y los microorganismos dialogan de manera constante. Es por ello que sea necesaria la comprensión técnica de este lenguaje subterráneo y además, saber potenciarlo con las herramientas adecuadas como claves para conseguir producciones capaces de aunar rentabilidad económica y respeto por el entorno.