La evolución del sector agroalimentario nos ha llevado desde la Revolución Verde hasta modelos más respetuosos como la producción integrada y ecológica. Sin embargo, en los últimos tiempos cobra fuerza un concepto que trasciende la mera sostenibilidad: La agricultura regenerativa.
Para profundizar en este cambio de paradigma y su viabilidad técnica, contamos con la visión de Carlos Baixauli Soria, Doctor Ingeniero Agrónomo y Director del Centro de Experiencias Cajamar en Paiporta (Valencia – España), quien en su entrevista realizada para la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA), destaca la necesidad de unir este enfoque ecológico con la rentabilidad productiva mediante el uso de la tecnología.

La agricultura regenerativa, más allá de la sostenibilidad.
La agricultura regenerativa no se limita a conservar; centra sus prácticas en la mejora de la calidad de los suelos, considerándolos entes vivos capaces de fijar carbono y mejorar la biodiversidad.
Según explica Baixauli, este modelo imita a la naturaleza mediante el uso de cubiertas vegetales y materia orgánica, pero se enfrenta al reto ineludible de alimentar a una población creciente. Para que este modelo no sea testimonial, es imprescindible la integración de la tecnología: desde el Big Data y la sensorización hasta la biotecnología y nuevas técnicas de cultivo.
Carlos nos matiza que, desde el Centro de Experiencias de Cajamar, se trabaja con equipos multidisciplinares que integran la digitalización y el Agrotech, colaborando con startups y grupos de investigación para validar pilotos que hagan de la agricultura regenerativa una realidad productiva y rentable.

El papel crucial de la genética y la biotecnología en la agricultura regenerativa.
En el contexto del Pacto Verde Europeo y la estrategia ‘De la Granja a la Mesa‘, que busca reducir drásticamente el uso de químicos para 2030, la mejora genética se posiciona como una herramienta fundamental. Las investigaciones actuales se centran en la búsqueda de fuentes de resistencia en variedades ancestrales y bancos de germoplasma para desarrollar nuevos portainjertos y variedades.
Baixauli también detalla la participación en proyectos europeos como Harnesstom o Tomgen en tomate, buscando materiales vegetales que no solo resistan nuevas enfermedades, sino que toleren el estrés abiótico como la sequía, la salinidad y las altas temperaturas. El objetivo es claro: obtener hortícolas que mantengan su calidad organoléptica y nutricional en un escenario climático adverso.

La hidroponía y cultivos superintensivos.
Aunque pueda parecer contradictorio, hablar de agricultura regenerativa y cultivos sin suelo, la eficiencia en el uso de recursos de estos sistemas es innegable.
Los Centro de Experiencias de Cajamar llevan más de 30 años trabajando en hidroponía, inicialmente para mejorar rendimientos y evitar patógenos del suelo. Actualmente, estas técnicas han evolucionado hacia la agricultura vertical y sistemas de recirculación que permiten densidades de más de 40 plantas por metro cuadrado en cultivos de hoja, logrando hasta 8 cosechas anuales con una eficiencia hídrica máxima.
Un campo prometedor es la adaptación de frutales al cultivo superintensivo bajo invernadero mediante técnicas hidropónicas. Proyectos recientes con higueras, frambuesas o pitahayas demuestran que es posible aumentar la precocidad y la producción por unidad de superficie.
Al limitar el crecimiento radicular mediante el contenedor, se optimiza el espacio, se facilita la mecanización y se evita la contaminación de acuíferos al trabajar con sistemas cerrados y sustratos desinfectados. Estas prácticas se alinean con la sostenibilidad al reducir la huella de carbono, optimización de recursos y uso de fitosanitarios.
En otro artículo, Carlos Baixauli analiza su enfoque en la gestión ambiental y el manejo agronómico dentro del contexto de la agricultura regenerativa.








