Qué son los sírfidos polinizadores, su biología, manejo técnico, su doble función en la polinización y el biocontrol de cultivos, son las temáticas que abordamos en este artículo.

Partimos de que la rentabilidad de una explotación hortofrutícola de frutos comienza en la floración y se consolida durante la fecundación del óvulo vegetal. Un cuajado homogéneo determina no solo el volumen de cosecha comercializable, sino también parámetros de calidad como el calibre, la firmeza de la pulpa, la simetría del fruto y la vida poscosecha en toda la cadena de valor.

Durante décadas, la gestión técnica de la polinización dirigida en cultivos protegidos y al aire libre se ha apoyado casi en exclusiva en himenópteros domésticos y silvestres, principalmente la abeja de la miel (Apis mellifera) y diversas especies de abejorros del género Bombus. Sin embargo, la intensificación del uso de mallas antitrips en los invernaderos, las fluctuaciones térmicas y la necesidad de optimizar el control integrado de plagas han llevado a los ingenieros agrónomos y productores a incorporar un grupo entomológico de gran eficacia: los dípteros de la familia Syrphidae.

Hablar de sírfidos polinizadores en el contexto agroprofesional implica referirse a una herramienta biológica que va más allá de la mera transferencia de grano de polen entre estambres y estigmas. Estos insectos representan un eslabón funcional que conecta la fisiología reproductiva de las plantas con la regulación natural de poblaciones de fitófagos, reduciendo la presión de plagas y mejorando el retorno productivo por hectárea sin dejar residuos químicos en la cosecha.

La definición y biología de los sírfidos polinizadores

Los sírfidos polinizadores son insectos pertenecientes al orden Diptera, suborden Brachycera y familia Syrphidae, conocidos en el argot agronómico y vulgar como moscas de las flores o moscas cernidoras.

A nivel mundial se han descrito más de seis mil especies dentro de esta familia, con una presencia muy abundante en los agroecosistemas de la cuenca mediterránea, Europa continental y las distintas zonas agroclimáticas de Hispanoamérica.

Desde el punto de vista biológico, son insectos holometábolos que atraviesan cuatro estadios diferenciados en su ciclo de vida: huevo, larva, pupa y adulto o imago.

La particularidad agronómica que define a una gran parte de las especies empleadas en hortofruticultura reside en la divergencia trófica entre su fase juvenil y su estado adulto. Mientras que los adultos de todas las especies de sírfidos son florícolas obligados, es decir, dependen del néctar para obtener la energía metabólica necesaria para el vuelo y del polen para completar la maduración de sus órganos reproductores y la ovogénesis en las hembras, las larvas presentan regímenes alimenticios muy diversos según la subfamilia a la que pertenezcan.

Grupos de sírfidos de interés agrícola

Dentro de los sírfidos de interés agrícola destacan dos grandes grupos funcionales: los de las subfamilias Syrphinae y Eristalinae.

Por un lado, se encuentran las especies pertenecientes a la subfamilia Syrphinae, como Episyrphus balteatus, Sphaerophoria rueppellii o Eupeodes corollae, cuyas larvas son zoófagas y depredan activamente colonias de pulgones y otros pequeños artrópodos de cuerpo blando.

Por otro lado, figuran especies de la subfamilia Eristalinae, con representantes comerciales como Eristalinus aeneus o Eristalis tenax, cuyas larvas son saprófagas y se desarrollan filtrando materia orgánica en descomposición en medios acuosos o subproductos húmedos, mientras que sus adultos muestran una capacidad polinizadora potente debido a su mayor tamaño corporal y pilosidad torácica.

Las características morfológicas de los sírfidos y cómo distinguirlos de las abejas

En el trabajo diario de campo, tanto técnicos como agricultores suelen confundir a los sírfidos con abejas solitarias o pequeñas avispas. Esta semejanza visual no es casual, sino el resultado evolutivo del mimetismo batesiano.

Los sírfidos son insectos inofensivos que carecen de aguijón y de glándulas de veneno, pero han adoptado la coloración aposemática de bandas amarillas, anaranjadas y negras propia de los himenópteros aculeados para disuadir a sus depredadores naturales, principalmente aves insectívoras que asocian dicho patrón cromático con una picadura dolorosa.

Para distinguirlos con precisión en el cultivo basta con observar la anatomía de sus alas, su cabeza y su pauta de vuelo. Al ser dípteros, los sírfidos poseen únicamente un par de alas membranosas funcionales insertadas en el mesotórax, mientras que el segundo par de alas se ha modificado evolutivamente en pequeñas estructuras claviformes denominadas balancines o halterios, que actúan como giroscopios biológicos durante el desplazamiento aéreo.

Las abejas y los abejorros, por el contrario, cuentan con dos pares de alas membranosas acopladas entre sí mediante pequeños ganchos llamados hamuli.

Los ojos compuestos de la mosca de las flores son voluminosos y ocupan casi la totalidad de la superficie de la cabeza, llegando a tocarse en la parte dorsal en el caso de los machos, mientras que sus antenas son cortas y constan de tres artejos con una sedosidad característica llamada arista.

Las abejas presentan ojos más laterales y antenas largas, acodadas y formadas por múltiples segmentos.

El comportamiento de vuelo ofrece otra pista visual inequívoca durante el monitoreo de la parcela. Los sírfidos dominan el vuelo estacionario gracias a la acción de sus balancines; son capaces de mantenerse suspendidos en un punto fijo del aire frente a la corola de una flor, desplazarse lateralmente o hacia atrás con gran agilidad y posarse con las alas extendidas o semiabiertas.

Las abejas mantienen un vuelo más pesado y zigzagueante, sin capacidad de quedar inmóviles en el aire de forma prolongada.

El doble beneficio ecológico de los sírfidos afidófagos en la sanidad vegetal y el cuajado

El valor agronómico de los sírfidos afidófagos se basa en la prestación simultánea de dos servicios ecosistémicos dentro de la misma unidad productiva: la polinización entomófila y el control biológico de plagas.

En los programas de Gestión Integrada de Plagas (GIP), la introducción o conservación de especies como Sphaerophoria rueppellii, Episyrphus balteatus o Eupeodes corollae permite abordar la protección vegetal desde una perspectiva preventiva y curativa al mismo tiempo.

Durante su fase adulta, un solo sírfido visita cientos de flores al día buscando polen y néctar. Al posarse sobre los órganos florales, los granos de polen quedan adheridos a las sedas de su tórax y cabeza, facilitando la polinización cruzada o la autopolinización asistida en especies autógamas y alógamas.

Paralelamente, la hembra grávida localiza los focos incipientes de pulgón en los brotes tiernos y deposita sus huevos blancos y alargados de forma individual junto a la colonia.

Al eclosionar, la larva ápoda y subcilíndrica del sírfido comienza a alimentarse succionando el contenido hemolinfático de las ninfas y adultos de pulgón mediante sus ganchos bucales.

Como dato, una sola larva de Episyrphus balteatus puede consumir entre doscientos y quinientos pulgones a lo largo de sus tres estadios larvarios antes de pupar en el envés de las hojas o en el suelo. Además, en episodios de escasez de áfidos, estas larvas complementan su dieta depredando larvas de trips, ninfas de mosca blanca, ácaros tetraníquidos y pequeños huevos de lepidópteros, aportando una protección polivalente al cultivo.

Eristalinus aeneus adulto sobre flores de almendro

Cómo actúan los sírfidos afidófagos en el cultivo y su relación con la fisiología vegetal

La eficacia con la que los sírfidos localizan las colonias de plagas mucho antes de que el daño sea perceptible por el ojo del técnico responde a complejos mecanismos bioquímicos de comunicación entre la planta y el insecto.

Cuando un pulgón perfora el tejido epidérmico y alcanza el floema con su estilete, inyecta secreciones salivales que contienen proteínas y moléculas específicas que actúan como elicitores. Los receptores celulares del cultivo reconocen estos elicitores y activan las rutas metabólicas de su inmunidad innata.

Como respuesta defensiva indirecta, la planta sintetiza y libera a la atmósfera del invernadero o de la parcela una mezcla específica de compuestos volátiles orgánicos inducidos por herbivoría, entre los que destacan terpenoides, salicilato de metilo y aldehídos de hoja verde.

Las hembras adultas de los sírfidos poseen quimiorreceptores antenales sensibles a estos compuestos volátiles orgánicos, así como a las feromonas de alarma como el beta-farneseno que emiten los propios pulgones al sentirse amenazados.

Guiadas por este rastro químico, las hembras de los sírfidos seleccionan con bastante precisión los brotes afectados para realizar la puesta, ajustando incluso el número de huevos depositados al tamaño de la colonia de áfidos disponible para garantizar la supervivencia de su progenie.

Desde el ámbito de la fitopatología, esta rápida intervención biológica resulta determinante para frenar la dispersión secundaria de virosis vegetales transmitidas por pulgones de forma no persistente o persistente, tales como el virus del mosaico del pepino (CMV), el virus Y de la patata (PVY) o el virus del amarilleo de las cucurbitáceas, reduciendo la incidencia epidemiológica en el cultivo.

Ventajas e inconvenientes de los sírfidos frente a abejas y abejorros

La elección del agente polinizador adecuado requiere evaluar las características fisiológicas del cultivo y el diseño de las instalaciones. En comparación con la abeja doméstica (Apis mellifera) y el abejorro común (Bombus terrestris), los sírfidos presentan ventajas operativas claras en entornos protegidos.

Riesgo de picaduras, fotoselectividad y operatitividad individual

Al no poseer comportamiento social ni defender una colmena, los sírfidos carecen de agresividad y de aguijón, lo que elimina cualquier riesgo de picaduras o reacciones alérgicas para los trabajadores agrícolas durante las labores de poda, entutorado o recolección manual en pasillos estrechos, etc.

Asimismo, las abejas dependen de la luz ultravioleta y de referencias espaciales lejanas para orientarse y comunicar la ubicación de las fuentes de alimento mediante su danza; por ello, bajo cubiertas plásticas fotoselectivas, mallas de sombreo o en túneles de dimensiones reducidas, suelen desorientarse y acumularse en las esquinas superiores intentando salir al exterior.

Los sírfidos, en cambio, operan de manera individual sin necesidad de regresar a un nido central, adaptándose sin dificultad tanto a grandes invernaderos multitúnel como a pequeños compartimentos de mejora genética o jaulas de aislamiento.

Daños en las flores

Otra ventaja reside en su rango térmico de actividad y en la ausencia de daños mecánicos sobre la flor. En cultivos delicados como la fresa o la frambuesa, cuando la densidad floral es baja o las condiciones ambientales concentran el trabajo de los abejorros sobre pocas flores, el exceso de visitas y las mordeduras de Bombus terrestris sobre los estambres y el receptáculo pueden provocar deformaciones en el fruto o abortos florales.

Los sírfidos realizan un contacto floral suave que preserva la integridad del gineceo y el androceo, manteniendo una buena tasa de actividad incluso en días nublados con menor insolación y temperaturas frescas cercanas a los doce grados centígrados.

Transporte de granos de polen en cada desplazamiento

En cuanto a los inconvenientes o limitaciones técnicas, un sírfido individual presenta un tamaño corporal inferior y una menor densidad de pelos plumosos ramificados en comparación con un abejorro, por lo que transporta una menor cantidad de granos de polen en cada desplazamiento.

Además, carecen de la capacidad de realizar polinización por zumbido o sonicación (buzz pollination), un movimiento vibratorio de los músculos torácicos indispensable para liberar el polen de las anteras poricidas de las solanáceas como el tomate.

Por este motivo, en cultivos de tomate el abejorro sigue siendo insustituible, mientras que en pimiento, cucurbitáceas o frutos rojos, los sírfidos actúan como polinizadores principales o como complemento sinérgico de las colmenas tradicionales.

Cultivos y condiciones ambientales de utilización de los sírfidos

El espectro de aplicación de los sírfidos polinizadores abarca hoy una amplia gama de cultivos hortícolas, frutícolas y ornamentales.

En horticultura bajo invernadero o túnel

En horticultura bajo abrigo, su empleo está consolidado en pimiento dulce y picante, la berenjena, el melón, la sandía y el calabacín.

En el pimiento, cuya flor hermafrodita tiende a la autofecundación pero se beneficia enormemente del movimiento del polen para aumentar el número de semillas, el grosor de pericarpio y la uniformidad del fruto comercial, especies como Sphaerophoria rueppellii y Eristalinus aeneus, logran incrementos notables de rendimiento por metro cuadrado mientras mantienen a raya a Myzus persicae y Aphis gossypii.

En el sector de los frutos rojos

En el sector de los frutos rojos o berries, especialmente en fresón, frambuesa, mora y (arándano cultivados en macrotúneles o hidroponía, la suelta programada de sírfidos mejora el porcentaje de drupéolos o aquenios fecundados, reduciendo la aparición de frutos deformes de segunda categoría.

En fruticultura

En fruticultura arbórea, las liberaciones inundativas están ganando terreno en plantaciones de aguacate y mango bajo malla o al aire libre, así como en cerezo, ciruelo, almendro y peral, cuyas flores abiertas y con nectarios accesibles se adaptan muy bien al aparato bucal chupador en esponja de estos dípteros, sobre todo cuando las bajas temperaturas primaverales limitan la salida de las abejas de sus colmenas.

En la producción profesional de semillas híbridas y de polinización abierta

Un nicho técnico de gran valor añadido es la producción profesional de semillas híbridas y de polinización abierta en familias como las brasicáceas (col, coliflor, brócoli, colza), umbelíferas (zanahoria, apio, hinojo, cilantro), aliáceas (cebolla, puerro) y compuestas (lechuga, escarola, girasol).

En las líneas parentales macho-estériles utilizadas para la obtención de semillas certificadas, el contenido de néctar suele ser escaso o de baja concentración azucarada, lo que provoca que las abejas abandonen el cultivo en busca de flora espontánea más atractiva.

Los sírfidos comercializados muestran una menor selectividad floral y permanecen trabajando de forma constante sobre ambas líneas parentales dentro de los recintos aislados, garantizando el cruzamiento genético y el llenado de las silicuas o umbelas.

Respecto a las condiciones ambientales, estos insectos desarrollan su actividad de forma óptima en un rango térmico comprendido entre los doce y los treinta y cinco grados centígrados, con una humedad relativa de entre el cincuenta y el ochenta por ciento.

Especies autóctonas mediterráneas como Sphaerophoria rueppellii y Eristalinus aeneus muestran una gran tolerancia a las altas temperaturas estivales y a los ambientes secos del interior de los invernaderos, siempre que el manejo de los riegos del cultivo mantenga una turgencia vegetal adecuada que asegure la secreción continua de néctar floral y la presencia de rocío o guttación para la hidratación de los adultos.

La comercialización de sírfidos para el agricultor y cantidad de aplicación en campo

La industria de la biofábrica suministra los sírfidos a los agricultores en formatos diseñados para facilitar su colocación en la finca sin necesidad de mano de obra especializada.

El producto comercial se presenta en estado de pupa dentro de envases biodegradables de cartón, cilindros ventilados o botellas de plástico opaco que contienen un sustrato inerte como serrín, vermiculita o cascarilla de trigo sarraceno para proteger a las pupas de la desecación y los golpes durante el transporte refrigerado.

Una vez recibido el material en la explotación agrícola, las cajas o botellas se distribuyen por la parcela colgadas de la estructura del invernadero o de las ramas de los árboles, protegidas siempre de la luz solar directa y del impacto del agua de los aspersores.

En el transcurso de pocos días, los adultos emergen de los puparios, despliegan sus alas y salen por los orificios de ventilación del envase para dispersarse por el cultivo.

Muchos formatos comerciales dedicados a la polinización incorporan en el interior de la caja un reservorio alimenticio energético que permite a los adultos recién emergidos nutrirse durante las primeras cuarenta y ocho horas mientras alcanzan la madurez sexual.

Las dosis de utilización varían en función de la especie seleccionada, el objetivo principal de la suelta y la densidad floral del cultivo. Cuando se emplea el sírfido polinizador Eristalinus aeneus, comercializado habitualmente en cajas de emergencia que contienen entre 50 a 20.000 pupas, la recomendación general para cultivos hortícolas de invernadero como pimiento, melón o fresa se sitúa entre dos y cuatro cajas por cada mil metros cuadrados de superficie, lo que equivale a un rango de veinte a cuarenta cajas por hectárea.

En producciones intensivas de semilla híbrida bajo túnel o en cultivos con una floración masiva y concentrada como el aguacate y el mango, la dosis se incrementa hasta alcanzar entre cuatro y ocho cajas por cada mil metros cuadrados, realizando introducciones escalonadas cada una o dos semanas desde que el cultivo alcanza el cinco o diez por ciento de flores abiertas.

Cuando el manejo busca combinar la polinización con el control biológico de pulgón mediante especies como Episyrphus balteatus, Sphaerophoria rueppellii o Eupeodes corollae, los formatos suelen presentarse en cajas. En estrategias preventivas al inicio de la floración se aplican dosis de entre dos y cinco pupas por metro cuadrado, equivalentes a entre cuatro y diez envases de quinientas unidades por hectárea repartidos en varias sueltas quincenales.

Si ya se detectan focos activos de pulgón en la masa vegetativa, la dosis curativa se eleva a entre diez y veinte pupas por metro cuadrado concentradas en las zonas de mayor incidencia, asegurando así tanto el barrido de la plaga por las larvas como la visita floral constante de los adultos emergidos.

Pero es conveniente, utilizar estas dosis solo con carácter orientativo. Lo aconsejable es contactar con el proveedor, que sí dispone de estudios concretos, y por lo tanto, pueden concretar mucho mejor la cantidad de pupas por superficie en función del cultivo y estado del mismo.

Las infraestructuras ecológicas y reservorios florales en la explotación

El rendimiento de las sueltas comerciales de sírfidos se multiplica cuando el diseño agronómico de la finca incorpora estrategias de control biológico por conservación.

A diferencia de los abejorros que cuentan con agua azucarada dentro de su colmena comercial, los sírfidos adultos dependen de la disponibilidad ininterrumpida de recursos florales en el entorno de cultivo. Por ello, en fases fenológicas en las que la planta cultivada aún no ha emitido flores o presenta intervalos entre flujos de floración, la implantación de islas de biodiversidad y márgenes florales funcionales en las bandas del invernadero o entre las calles de los frutales permite fijar las poblaciones de estos dípteros durante todo el ciclo productivo.

El establecimiento de especies vegetales seleccionadas por su corola abierta y poco profunda, como el aliso marítimo (Lobularia maritima), el cilantro (Coriandrum sativum), el eneldo (Anethum graveolens), el trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum) o la facelia (Phacelia tanacetifolia), proporciona polen rico en aminoácidos y néctar accesible sin convertirse en reservorio de virus fitopatógenos ni de plagas clave para el cultivo principal.

Así, integrar el manejo de estas plantas insectario junto con la selección de fitosanitarios compatibles y biorracionales transforma la parcela en un sistema autorregulado, donde la entomofauna útil sostiene de forma continua la sanidad vegetal y la calidad comercial de las frutas y hortalizas desde el campo hasta el consumidor final.