La sanidad vegetal en la citricultura se viene enfrentando a dinámicas poblacionales de plagas que exigen una monitorización constante a pie de campo y una de ellas es el llamado psílido asiático de los cítricos.
En este ámbito, tras la severidad de La enfermedad HLB en cítricos (Huanglongbing) provocada por la bacteria Candidatus Liberibacter, en estos momentos hay que centrarse en el vehículo que facilita su expansión epidémica.
Diaphorina citri
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Nos referimos a Diaphorina citri, un pequeño insecto hemíptero originario del continente asiático que ha logrado colonizar vastas zonas productoras en América y que mantiene en máxima alerta a las regiones citrícolas de la cuenca mediterránea.
La descripción morfológica y ciclo biológico del Diaphorina citri
Para gestionar eficazmente cualquier plaga en una explotación agrícola, el técnico necesita conocer al detalle el comportamiento y la fenología del insecto. El adulto de Diaphorina citri es un insecto de apenas tres a cuatro milímetros de longitud, con unas alas moteadas de tonos marrones y grisáceos.
Un rasgo morfológico y de comportamiento que facilita su identificación en campo es la postura que adopta al alimentarse, ya que inclina su cuerpo formando un ángulo de cuarenta y cinco grados respecto a la superficie del tejido vegetal.
Su ciclo biológico está condicionado por las temperaturas y por la disponibilidad de material vegetal tierno. Las hembras depositan sus huevos, de un color amarillo anaranjado y forma almendrada, solamente en los brotes nuevos y en las yemas sin expandir de los cítricos y otras plantas rutáceas.
De estos huevos nacen las ninfas, que pasan por cinco estadios de desarrollo antes de alcanzar la madurez. Durante su fase ninfal, estos insectos se alimentan de la savia y segregan unos característicos túbulos cerosos de color blanco que les sirven de protección y que ensucian la masa foliar, favoreciendo además la aparición de la negrilla o fumagina.
En condiciones climáticas cálidas, el ciclo completo puede completarse en apenas un par de semanas, lo que permite la superposición de múltiples generaciones a lo largo del año.

La Diaphorina citri como vector del HLB
El daño directo que ocasiona este insecto al extraer savia e inyectar toxinas salivales, provocando la deformación y el marchitamiento de los brotes tiernos, es secundario si lo comparamos con su capacidad para transmitir patógenos. La verdadera amenaza radica en el papel de este insecto como transmisor de la bacteria responsable de la enfermedad del dragón amarillo.
Cuando el insecto se alimenta del floema de un árbol infectado, ingiere la bacteria, la cual se multiplica en el interior de su tubo digestivo y glándulas salivales. Este periodo de incubación dentro del organismo del vector lo convierte en portador durante el resto de su vida.
Al volar hacia un frutal sano e iniciar un nuevo proceso de alimentación, el insecto inyecta la bacteria directamente en el torrente vascular de la planta, desencadenando la infección.
La alta movilidad de los adultos, capaces de desplazarse a parcelas vecinas impulsados por las corrientes de viento, y su enorme eficiencia en la transmisión bacteriana, hacen que incluso niveles poblacionales muy bajos de la plaga representen un alto riesgo fitosanitario.
El control de Diaphorina citri
Afrontar la gestión de esta plaga requiere implementar estrategias de Gestión Integrada de Plagas (GIP) que respondan a los criterios de sostenibilidad de la agricultura actual, minimizando la dependencia exclusiva de las materias activas de síntesis.
La primera línea de defensa es el monitoreo de las parcelas mediante la instalación de trampas cromáticas adhesivas de color amarillo, así como la inspección visual periódica de las brotaciones en busca de huevos y ninfas.
En el ámbito del control biológico, la entomología aplicada ha encontrado un aliado en Tamarixia radiata. Se trata de un pequeño himenóptero parasitoide específico que deposita sus huevos debajo del cuerpo de las ninfas del psílido. Al nacer, la larva del parasitoide se alimenta de la ninfa hasta causarle la muerte.
Los programas de cría y sueltas inundativas de este insecto auxiliar han demostrado ser una herramienta bastante eficaz para reducir las poblaciones del vector de manera respetuosa con el medioambiente y con la fauna útil de los cultivos.
Todo este manejo entomológico debe ir acompañado de otras prácticas culturales, como la eliminación de parcelas abandonadas que actúan como reservorios, el control de plantas hospedantes ornamentales en el entorno de las explotaciones y el uso de plantones certificados procedentes de viveros protegidos.
En este contexto, el manejo de vectores epidémicos en la agricultura nos recuerda que el equilibrio del agrosistema es frágil y que, la gestión técnica ya no se limita a tratar síntomas en el árbol, sino que exige una visión perimetral donde, por ejemplo, el control poblacional de un insecto de tan solo tres milímetros puede condicionar la supervivencia económica de toda una comarca productora.







