En la gestión actual de la sanidad vegetal, la protección de cultivos contra gasterópodos (babosas y caracoles), también llamados limacos, ha evolucionado notablemente. La presión regulatoria europea y la demanda de una producción sin residuos han desplazado el foco desde los molusquicidas de síntesis química hacia soluciones de perfil biorracional.
En este nuevo escenario, el fosfato férrico (anhidro) se ha postulado como la herramienta de referencia técnica, combinando una eficacia letal para la plaga con un perfil ecotoxicológico compatible con las estrategias del Pacto Verde europeo.
A continuación, analizamos aspectos de esta materia activa (fosfato férrico) y las claves de su formulación para su uso en agricultura ecológica y tradicional.
¿Qué es el fosfato férrico?
El fosfato férrico es un compuesto inorgánico que existe de forma natural en el suelo. A diferencia de los molusquicidas neurotóxicos tradicionales, esta materia activa mineral, se integra en el medioambiente degradándose en hierro y fosfato, dos nutrientes esenciales para las plantas.
En las formulaciones profesionales de última generación, la concentración habitual ronda los 25 g/kg de fosfato férrico en forma anhidra. Sin embargo, la clave agronómica no reside solo en la molécula, sino en la tecnología del cebo.
Para garantizar una distribución homogénea de la materia activa dentro del gránulo, pellet o lenteja, se emplean procesos de extrusión exclusivos. Esto asegura que cada partícula esparcida en el campo, contenga la dosis letal necesaria, optimizando el ratio coste-eficacia del tratamiento.
Mecanismo de acción para eliminar a las babosas y caracoles.
El modo de acción del fosfato férrico en babosas y caracoles supone un cambio de estratégico operativo respecto a los químicos clásicos. Actúa exclusivamente por ingestión, provocando un bloqueo fisiológico en el sistema digestivo del limaco.
El proceso es el siguiente. Tras ingerir el cebo, la plaga sufre una sensación de saciedad inmediata y cesa su alimentación casi al instante.
A diferencia de otros productos que provocan una híper-secreción de mucus y muerte visible en superficie, el fosfato férrico induce al limaco a retirarse a sus refugios bajo tierra o entre las grietas del suelo. La muerte ocurre horas o días después en el subsuelo, de forma discreta.
Entre sus ventajas, al no haber limacos muertos ni rastros de baba en la superficie, se evita la depreciación estética en cultivos de hoja, frutos o plantas ornamentales.
El uso del fosfato férrico en agricultura ecológica y convencional.
El fosfato férrico ha roto la barrera entre la agricultura convencional y la ecológica, convirtiéndose en una solución transversal.
En la agricultura ecológica, al ser una sustancia de origen mineral natural, está certificada como insumo utilizable en agricultura ecológica y biológica según la reglamentación vigente. Esto permite a los productores bio, disponer de una herramienta de control real y eficaz, equiparable en rendimiento a la química de síntesis.
En cuanto a la agricultura convencional y residuo cero, esta materia activa es estratégica por su perfil de seguridad. Generalmente, no presenta clasificación toxicológica de riesgo para el usuario y posee Plazos de Seguridad (DAR) muy reducidos, habitualmente de 1 día, lo que facilita la gestión de cosechas escalonadas. Además, contribuye positivamente a los Certificados de Economía de Productos Fitosanitarios (CEPP).
Factores de eficacia del fosfato férrico en campo.
Para el agricultor, la elección de un molusquicida basado en fosfato férrico debe basarse en la calidad de su formulación, ya que la materia activa por sí sola no atrae a la plaga.
Los parámetros técnicos de calidad son:
- La apetencia y composición del cebo: El cebo compite directamente con el cultivo. Las formulaciones de alto rendimiento utilizan como base harinas de trigo de alta calidad (calidad panificable o E), con un contenido proteico superior al 14 %. Esta riqueza proteica es fundamental para asegurar una fuerte atracción y consumo por parte de la plaga.
- Su resistencia a la humedad: Los limacos se activan con la lluvia y el riego. Un cebo que se deshace fácilmente con el agua es inútil. Las formulaciones de mayor calidad, fabricadas mediante vía húmeda, presentan una excelente resistencia al desmoronamiento bajo condiciones meteorológicas adversas y riegos aéreos, manteniendo su integridad estructural y eficacia incluso tras precipitaciones significativas (ensayos muestran persistencia tras 78 mm de lluvia).
- La dosis y densidad de puntos de contacto: La recomendación técnica estándar para formulaciones profesionales (al 2,5 %) es de 6 kg/ha. Esto equivale a una densidad aproximada de 60 a 66 cebos por metro cuadrado. Esta densidad es necesaria para asegurar que el limaco encuentre el cebo antes de dañar la planta, especialmente si se usan cebos de tamaño optimizado (tipo lenteja de 3 mm) que facilitan la ingesta por formas juveniles.
Uso de cebo antilimacos de fosfato férrico en cultivos hortofrutícolas.
La versatilidad del fosfato férrico permite su inclusión en los programas de Gestión Integrada de Plagas (GIP) de diversos sistemas productivos.
En cultivos extensivos, como en colza, girasol, remolacha y patata, se emplea especialmente en sistemas de siembra directa donde los residuos vegetales y el suelo sin labrar favorecen las poblaciones de limacos.
En frutales, los cítricos (naranjas, pomelos, limones, mandarinas, etc.). son uno de los cultivos más amenazados por los limacos.
En hortícolas (lechuga, tomate, berenjena, alcachofa, fresa, etc.), está autorizado para tratamientos generales en suelo, tanto al aire libre como en invernadero.
En cultivos ornamentales y en zonas ajardinadas, su uso es amplio y eficiente, ya que son cultivos y áreas verdes en el que el riego siempre está presente, con más frecuencia que en los cultivos hortofrutícolas.
Momento de aplicación del cebo antilimacos de fosfato férrico.
En cuanto al momentos de aplicación, su flexibilidad permite intervenciones antes, durante y después de la siembra en toda la superficie de la parcela, con un intervalo habitual de 7 días entre aplicaciones si la presión de plaga persiste.
En definitiva, el fosfato férrico representa una solución técnica del biocontrol, que no obliga al agricultor a elegir entre rentabilidad y sostenibilidad.








