El 8 de octubre de 2025, las instalaciones de la Escuela Universitaria de Ingeniería Agrícola INEA, en Valladolid, sirvieron de escenario para el IV Congreso sobre Gestión Sostenible del Suelo.
Esta edición, organizada por Jornadas Interempresas y la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA), centró su programa en un concepto transversal para la agronomía actual: la estimulación de la interacción del binomio suelo-cultivo.
En línea con la dinámica del Congreso Gestión Sostenible del Suelo, el encuentro se desarrolló en un contexto regulatorio exigente, marcado por la progresiva reducción de materias activas disponibles para la protección fitosanitaria y la necesidad de maximizar la eficiencia en la fertilización.
Bajo esta presión normativa y climática, el manejo del terreno adquiere una nueva dimensión. Los profesionales del sector agroalimentario asumen el reto de sostener la calidad y el volumen de las cosechas optimizando recursos que a menudo actúan como factores limitantes, especialmente la humedad disponible y la fertilidad biológica del perfil edáfico. En este contexto, la jornada evidenció que las respuestas a la rentabilidad productiva pasan, ineludiblemente, por restaurar el equilibrio en la rizosfera.
Las cubiertas vegetales y biosoluciones como herramientas de campo
El debate técnico del congreso profundizó en la implementación de prácticas culturales orientadas a regenerar la funcionalidad del suelo. Las cubiertas vegetales y la introducción de cultivos mejorantes se expusieron como estrategias agronómicas directas para proteger la estructura física de la tierra, mitigar los procesos erosivos y fomentar una mayor retención de agua. Estas prácticas demuestran su valor productivo al mejorar la infiltración y evitar la pérdida de suelo fértil por escorrentía.
En paralelo, el papel del biocontrol acaparó gran parte del interés de técnicos y empresas del sector. Bajo este marco, el uso de herramientas biológicas e insumos basados en microorganismos permite movilizar nutrientes bloqueados y facilitar su asimilación por el sistema radicular. Así mismo, esta capacidad para potenciar el metabolismo vegetal sin sobrecargar de sales el entorno del suelo resulta determinante para alcanzar un modelo de producción donde la sanidad de la planta se construye desde los cimientos de la parcela.
La tierra de cultivo como un sistema dinámico
El manejo de cualquier explotación agrícola exige hoy interpretar la tierra de cultivo como un sistema dinámico, porque cuando las raíces exploran un suelo biológicamente activo, la planta desarrolla una mayor resistencia natural frente a episodios de estrés abiótico y patógenos edáficos.
Dela Jornada se trasladó el mensaje de que la verdadera optimización de los insumos agrícolas comienza en el momento en que el productor decide gestionar su suelo no como un simple soporte inerte, sino como el primer eslabón vivo de la cadena alimentaria.







