El calendario de cultivo del olivo obedece a que la gestión técnica de un olivar requiere de una planificación rigurosa que armonice las intervenciones humanas con el ritmo biológico del árbol.

En España, dada la diversidad de microclimas y variedades, el calendario de cultivo no es una estructura rígida, sino una hoja de ruta que el agricultor y el técnico deben adaptar según la evolución fenológica y las condiciones edafoclimáticas de cada campaña.

Establecer un calendario de trabajo permite optimizar el uso de insumos, mejorar la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios y, en última instancia, asegurar la rentabilidad de la explotación bajo criterios de sostenibilidad.

Utilidad profesional del calendario técnico en el olivar.

Para el ingeniero agrónomo y el gestor de cooperativas, el calendario de cultivo es una herramienta de precisión. Su función principal es la sincronización de las labores culturales con los estados de mayor sensibilidad o demanda del cultivo,

Profesionalmente, sirve para organizar la logística de maquinaria, prever las necesidades de mano de obra en momentos críticos como la poda o la recolección, y cumplir con los cuadernos de campo exigidos por la normativa vigente.

Un calendario del olivar bien ejecutado, minimiza el impacto ambiental, ya que permite aplicar fertilizantes y fitosanitarios únicamente cuando el árbol puede asimilarlos o cuando la plaga se encuentra en su umbral de tratamiento, siguiendo las directrices de la estrategia De la Granja a la Mesa.

Dinámica vegetativa y fases fenológicas del olivo en el territorio español.

El ciclo anual del olivo en España se divide en dos periodos marcados: el reposo invernal y la actividad vegetativa, que suele reactivarse con la subida de las temperaturas en primavera.

Saber y conocer los estados fenológicos del olivo es fundamental, ya que cada fase, desde la yema de invierno hasta la maduración del fruto, condiciona el tipo de intervención necesaria.

A continuación, desglosamos las labores recomendadas mes a mes, integrando la sanidad vegetal, la nutrición y el manejo del suelo.

Enero: El reposo y la renovación de estructuras.

Durante el primer mes del año, el olivo se encuentra normalmente en estado de letargo invernal (Estado A). Es el momento idóneo para avanzar en la poda de producción y rejuvenecimiento, centrándose en la eliminación de madera vieja para favorecer la aireación y la entrada de luz en el interior de la copa.

En cuanto al suelo, se recomienda mantener una mínima intervención, respetando las cubiertas vegetales si se opta por un manejo sostenible, evitando labores profundas que puedan dañar el sistema radicular superficial en un momento de baja actividad.

Febrero: Preparación para el nuevo ciclo.

A medida que el invierno avanza hacia su fin, se deben concluir las labores de poda. Tras los cortes, es preceptiva la aplicación de tratamientos preventivos a base de sales de cobre para evitar la propagación de hongos de madera y, fundamentalmente, la tuberculosis del olivo (Pseudomonas savastanoi).

Es también el periodo en el que se planifican e inician las nuevas plantaciones, aprovechando la humedad acumulada en el suelo antes de la reactivación primaveral.

Campos de olivo con riego por goteo

Marzo: El despertar y la vigilancia temprana.

Con la subida de las temperaturas, el olivo abandona el letargo y comienza la movilización de reservas hacia las yemas. En este periodo se inicia la monitorización del barrenillo mediante la colocación de haces de leña o trampas.

Las aplicaciones nutricionales en este momento se orientan a favorecer la brotación y preparar una floración vigorosa. Los abonados de cobertura, ricos en nitrógeno, pero equilibrados, ayudan al árbol a salir del estrés invernal.

Abril: La importancia de los microelementos.

En abril, el desarrollo vegetativo es evidente (Estado C). El olivo demanda nutrientes clave como el boro, esencial para la correcta formación del tubo polínico.

Los tratamientos foliares de primavera suelen incluir estos microelementos. Simultáneamente, comienza la vigilancia activa del Prays oleae en su generación filófaga y de la Euzophera pinguis, especialmente en plantaciones jóvenes o árboles con heridas de poda recientes.

Mayo: Protección de la floración.

Este es un mes crítico debido a la fase de floración (Estado F). En el ámbito de la sanidad vegetal, el foco se pone en la generación antófaga del Prays, que puede comprometer la cosecha futura al alimentarse de los botones florales.

Además, antes de la emergencia de los nuevos adultos de barrenillo, es fundamental retirar del campo los restos de poda que hayan servido de cebo, evitando así su dispersión hacia los árboles sanos.

Junio: El cuajado y la defensa del fruto.

Una vez finalizada la floración, el olivo entra en la fase de cuajado y crecimiento inicial del fruto (Estado G). Se debe evaluar la incidencia de la generación carpófaga de la polilla del olivo; si los niveles de población superan los umbrales económicos, se justifica una intervención insecticida.

Es un mes donde el estrés hídrico empieza a ser un factor de riesgo, por lo que la gestión del riego (en fincas que dispongan de él), se vuelve prioritaria para evitar la caída fisiológica de frutos.

Julio: El endurecimiento del hueso y el estrés térmico.

A mitad del verano, el fruto alcanza el estado de endurecimiento del hueso (Estado H). La actividad vegetativa se ralentiza debido a las altas temperaturas.

En esta etapa, el uso de protectores solares como el caolín (arcilla blanca) gana protagonismo en la agricultura profesional; su aplicación no solo reduce el estrés térmico del árbol, sino que actúa como repelente físico frente a la primera generación estival de la mosca del olivo (Bactrocera oleae).

Agosto: La síntesis de aceite y la poda en verde.

A pesar del calor, el fruto inicia la lipogénesis, el proceso bioquímico de fabricación de aceite dentro de la pulpa. Es el momento de realizar la poda en verde o desvaretado, eliminando los chupones que compiten por el agua y los nutrientes.

En caso de tormentas de verano con granizo, es recomendable aplicar un tratamiento de cobre de choque para desinfectar las heridas y prevenir infecciones bacterianas.

Septiembre: El inicio del envero.

Con la llegada de temperaturas más suaves, la aceituna comienza su cambio de color o envero (Estado I).

La vigilancia de la mosca del olivo debe ser máxima en esta fase, utilizando trampas de monitoreo para decidir el momento óptimo de tratamientos cebo, siempre priorizando productos con plazos de seguridad cortos y bajo impacto ambiental. El manejo de la cubierta vegetal debe orientarse a facilitar la próxima recolección.

Engorde de la aceituna

Octubre: El valor de la cosecha temprana.

El sector oleícola ha evolucionado hacia la búsqueda de la excelencia sensorial, lo que implica iniciar la recolección en octubre para la obtención de Aceites de Oliva Virgen Extra (AOVE) de cosecha temprana o «verdes».

Los suelos deben estar acondicionados para el paso de maquinaria, ya sean vibradores de tronco o paraguas.

Es fundamental respetar escrupulosamente los plazos de seguridad de cualquier tratamiento realizado en semanas previas.

Noviembre: Plena campaña y recuperación del árbol.

La recolección general se generaliza en todo el territorio español. Una vez el árbol queda libre de fruto, el estrés mecánico sufrido por la vibración o el vareo requiere una respuesta técnica: un tratamiento post-cosecha con cobre para desinfectar las heridas.

Además, es el momento de aplicar abonados de fondo otoñales para que el sistema radicular aproveche las lluvias y recupere el equilibrio nutricional antes del frío intenso.

Diciembre: Resistencia frente al invierno.

El ciclo cierra con el olivo entrando de nuevo en resistencia. Las aplicaciones foliares de potasio y fósforo ayudan a endurecer los tejidos frente a las posibles heladas.

En el manejo del suelo, es importante revisar los sistemas de drenaje y las pendientes en el olivar de montaña para evitar encharcamientos prolongados o procesos erosivos derivados de las lluvias invernales, asegurando que el agua se convierta en una reserva útil y no en un problema estructural para la finca.

La correcta ejecución de este calendario, no solo garantiza una producción estable en cantidad y calidad, sino que posiciona al olivar español como un modelo de eficiencia dentro de la cuenca mediterránea, equilibrando la tradición del cultivo con las exigencias tecnológicas de la agronomía moderna.

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