Cómo optimizar la salida del invierno en cítricos para garantizar su buena brotación, el cuajado y la rentabilidad del cultivo, tiene entre sus claves la fertilización, la bioestimulación y especialmente, la figura del asesor técnico.

Para situarnos en el tiempo y localización, en España, el sector citrícola se encuentra en un punto de inflexión anual donde la fisiología del árbol y las decisiones de manejo técnico determinan, de forma irreversible, el potencial productivo de la campaña venidera.

La ciencia y el diagnóstico de campo.

El tránsito del reposo vegetativo a la reactivación metabólica no es un proceso menor; es una ventana de vulnerabilidad y oportunidad que exige una interpretación precisa de los factores edafoclimáticos y nutricionales. Y es en este escenario, donde la improvisación carece de sentido, cediendo el protagonismo a una planificación basada en la evidencia científica y el diagnóstico de campo.

La salida del invierno en especies como el naranjo (Citrus sinensis), el mandarino (Citrus reticulata) o el limonero (Citrus limon) implica un despertar energético de alta demanda. Es una etapa en la que no basta con esperar a que las temperaturas asciendan para iniciar las labores habituales, sino de anticiparse a las necesidades de una planta que debe gestionar, simultáneamente, el mantenimiento de la fruta pendiente de su recolección y la inducción de las nuevas estructuras florales y vegetativas.

El doctor Riadh Ghorbel Rebai asesorando sobre el cultivo de cítricos

La figura del asesor técnico como eje estratégico del cultivo.

La complejidad de la agricultura profesional ha desplazado el modelo de gestión basado en calendarios fijos hacia un modelo de precisión. En este contexto, el ingeniero agrónomo y el asesor técnico se consolidan como las figuras clave para sincronizar la biología del árbol con las herramientas biotecnológicas disponibles.

Es por ello que, para profundizar en las estrategias de manejo en este periodo, analizamos las claves del despertar del árbol en el actual contexto climático de la mano del Dr. Riadh Ghorbel Rebai, experto y asesor internacional en citricultura y colaborador de I+D+i en Nutritec.

Como matiza el Dr. Riadh Ghorbel, la labor profesional del técnico o asesor, no se limita a la recomendación de unas unidades fertilizantes; su función radica en la interpretación de señales fisiológicas, muchas veces sutiles, que indican el estado de las reservas de carbohidratos y la capacidad de respuesta del árbol ante el estrés al que se va a ver sometido.

Un diagnóstico erróneo en esta fase de transición puede tener como consecuencia una brotación heterogénea o en un aborto floral masivo semanas después. Por ello, la colaboración entre el productor y el asesor permite ajustar las intervenciones en función de la dinámica biológica del suelo y la respuesta de la planta tras la poda.

En este contexto, empresas como Nutritec han entendido que la tecnología de insumos solo alcanza su máximo rendimiento cuando se integra en una estrategia dirigida por profesionales que conocen las particularidades de cada plantación y variedad.

La base nutricional y el papel catalizador de los bioestimulantes.

Para el Dr. Ghorbel, es fundamental establecer una jerarquía de prioridades en el plan de abonado. La fertilización mineral clásica, basada en el aporte equilibrado de nitrógeno, fósforo, potasio y microelementos esenciales como el zinc, manganeso, etc. son la base del crecimiento del árbol. Y es así porque sin una agronutrición adecuada, cualquier intento de optimización productiva resultará ineficiente.

En su conjunto, el cítrico debe presentar un estado fitosanitario óptimo y sus necesidades en fertilización cubiertas antes de aplicar soluciones de mayor complejidad técnica.

Una vez atendida esta base, entran en juego los bioestimulantes agrícolas como herramientas de alto valor añadido. Estos productos, desarrollados bajo estrictos protocolos de I+D+i, no actúan como sustitutos de los fertilizantes agrícolas, sino como catalizadores metabólicos. Su función es mejorar la eficiencia en el uso de los nutrientes y, sobre todo, permitir que la planta supere los cuellos de botella fisiológicos que ocurren durante la prefloración y el cuajado, momentos en los que la demanda energética suele superar la capacidad de absorción y síntesis del árbol.

Frutos de mandarino en el árbol

El riesgo fisiológico de retrasar el abonado durante la cosecha.

El Dr. Ghorbel expone que existe una práctica arraigada, aunque técnicamente cuestionable, consistente en posponer el inicio del plan de abonado hasta que la fruta presente en el árbol ha sido recolectada. Este enfoque parte del temor a que el movimiento de savia y la entrada de nutrientes afecten la calidad o la estabilidad del fruto maduro. Sin embargo, desde una perspectiva fisiológica, este retraso puede afectar negativamente al árbol.

Hay que partir de que el cítrico posee una capacidad metabólica para compartimentar sus recursos, porque mientras los frutos de la cosecha actual finalizan su proceso de maduración, el árbol ya está «programando» el siguiente ciclo.

En variedades donde la recolección es tardía, como ocurre con gran parte del grupo de las naranjas dulces (navel, blancas, sanguinas y sucreñas) o las variedades tardías de mandarino (Orri, Nadorcott, Tango, Leanri, Spring Sunshine y Alborea, por ejemplo), la competencia interna por los recursos es máxima. Si no se interviene nutricionalmente de manera temprana, el árbol detrae energía de los frutos actuales para alimentar la brotación inminente, lo que paradójicamente degrada la calidad de la cosecha que aún no se ha cortado y debilita la estructura para la futura floración.

La gestión de la rizosfera del cítrico ante la inestabilidad climática.

El sistema radicular es el motor invisible del cítrico y el primero en sufrir las consecuencias de un invierno irregular. Episodios de pluviometría extrema, como los registrados recientemente en diversas zonas productoras del arco mediterráneo español durante el invierno 2025/2026, pueden provocar condiciones de anoxia radicular (falta de oxígeno) que paralizan la absorción de nutrientes. A esto se suman los vientos de gran intensidad también acaecidos que, además de los daños mecánicos en la parte aérea, generan un estrés hídrico por transpiración acelerada que el árbol debe compensar mediante un sistema radicular eficiente.

Ante la imposibilidad de controlar el clima, el Dr. Ghorbel afirma que la estrategia debe volcarse en la salud de la rizosfera. El uso de inductores radiculares y bioestimulantes que fomenten la emisión de pelos absorbentes es estratégica para aumentar la superficie de intercambio de la zona pilífera. Un sistema radicular vigoroso y joven no solo mejora la tasa de absorción, sino que aumenta la resiliencia del árbol frente a oscilaciones térmicas.

De igual forma, la interacción entre la poda, que equilibra la masa foliar, y la bioestimulación radicular, asegura que el árbol tenga la capacidad mecánica y fisiológica de sostener la brotación de primavera.

Cultivo de naranjos en Valencia

La optimización metabólica para la floración y el cuajado del cítrico.

El éxito de la antesis y la posterior retención del fruto dependen de un equilibrio hormonal y energético muy delicado. La viabilidad de la flor no es solo una cuestión de temperaturas o fotoperiodo; es una cuestión de disponibilidad de carbohidratos y metabolitos específicos. En este punto, la ciencia aplicada a la nutrición vegetal ofrece soluciones basadas en aminoácidos y materias activas que intervienen directamente en los procesos de síntesis de proteínas y regulación del nitrógeno.

Materias como el ácido aspártico, la alanina, la arginina, la glicina, la leucina y la serina desempeñan funciones cruciales en esta fase. Estos aminoácidos actúan de diferentes maneras, como por ejemplo, en la regulación fenológica, facilitan la síntesis de clorofila y optimizan el metabolismo del nitrógeno, asegurando que la planta tenga componentes biológicos listos para construir nuevos tejidos sin un gasto energético excesivo.

Otro ejemplo es en la resiliencia ante el estrés abiótico, porporcionando osmolitos que protegen a las células durante heladas tardías o golpes de calor tempranos, evitando que la planta aborte el fruto recién cuajado como mecanismo de supervivencia.

El uso de estas herramientas biotecnológicas, desarrolladas por firmas como Nutritec, permite que el árbol no dependa exclusivamente de su capacidad de síntesis en momentos de estrés, sino que disponga de elementos preelaborados que garantizan la continuidad de su desarrollo.

La ventaja competitiva de la precisión técnica.

La citricultura profesional se dirige hacia un escenario donde la eficiencia en el uso de los insumos es el principal diferenciador de rentabilidad. En este contexto, el Dr. Ghorbel destaca que la capacidad de alcanzar calibres comerciales homogéneos y una producción sostenida año tras año depende de cómo gestionemos la salida del invierno. No se trata solo de producir más, sino de producir con mayor inteligencia técnica, minimizando las pérdidas por estrés y optimizando cada unidad de fertilizante aplicada.

La integración del conocimiento agronómico, el binomio diagnóstico del asesor y el uso de bioestimulantes de vanguardia, permite que el agricultor no sea un espectador del clima, sino un gestor activo del metabolismo de su plantación. Esta gestión profesional es la que finalmente posiciona a la fruta en los mercados internacionales con los estándares de calidad que la cadena de valor demanda hoy en día.