La decimoséptima edición de la Jornada de la Cátedra Fertiberia de Estudios Agroambientales, bajo el lema Fertilización nitrogenada: retos y estrategias para una agricultura eficiente y sostenible, se ha celebrado el 19 de mayo de 2026 en el salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB) de la Universidad Politécnica de Madrid (España).

El evento congregó a cerca de doscientos asistentes. Este encuentro es un espacio transversal de innovación y debate, donde el sector público, la industria privada y la comunidad científica han abordado el desafío de gestionar el nitrógeno de forma precisa para alinear la productividad agraria con la conservación estructural del suelo.

La coyuntura geopolítica y el marco normativo de la nutrición vegetal

La sesión de apertura estableció la importancia estratégica de la nutrición vegetal, contando con la participación de representantes institucionales y académicos de alto nivel, como Alberto Garrido, vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad Politécnica de Madrid, y José Manuel Palacios, director de la ETSIAAB.

Junto a ellos, Elena Busutil, directora general de Producciones y Mercados Agrarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y Juan Pablo Llobet, consejero delegado del Grupo Fertiberia, remarcaron que la fertilización es el pilar fundamental que sostiene el abastecimiento global de alimentos.

En su intervención, Busutil enfatizó que la volatilidad del actual contexto internacional ha desplazado a los fertilizantes hacia el centro de la atención económica mundial, haciendo que la sociedad civil sea cada vez más consciente de su impacto directo en la seguridad alimentaria.

En este mismo escenario de debate, Llobet subrayó la urgencia de que Europa mantenga intactas sus capacidades industriales propias frente a la incertidumbre en las cadenas de suministro. La autonomía en un sector tan estratégico resulta innegociable para proteger el rendimiento de nuestros cultivos.

Para afrontar esta transformación del modelo productivo, las corporaciones están acelerando la integración de la fertilización nitrogenada clásica con soluciones de vanguardia basadas en productos biológicos.

Para asentar este complejo escenario macroeconómico, la jornada contó con la primera ponencia a cargo de Pablo Resco, responsable de Estrategia de Mercados Agrarios del Grupo Cajamar y representante de Plataforma Tierra. Su intervención analizó con precisión la coyuntura económica, estratégica y normativa de la fertilización nitrogenada. Hoy en día, la creciente presión regulatoria europea exige a los productores un ajuste minucioso en los planes de abonado, donde cada unidad de nitrógeno aplicada debe estar justificada técnica y medioambientalmente para cumplir con el marco legislativo vigente.

La innovación y la ciencia aplicadas a la dinámica del suelo y el cultivo

El núcleo de la fitotecnia y la dinámica de nutrientes fue abordado con nivel científico durante el ciclo de ponencias. Miguel Quemada, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, centró su intervención en la innovación técnica requerida para maximizar la eficiencia del nitrógeno y garantizar un manejo sostenible del suelo.

En cuanto al nitrógeno, este determina el rendimiento final de los cultivos hortofrutícolas y extensivos, pero su comportamiento en el perfil edáfico está condicionado por múltiples factores físicos, químicos y biogeoquímicos que regulan su disponibilidad real. Unido a ello, conocer estos ciclos es fundamental para mitigar la vulnerabilidad del nutriente frente a pérdidas por lixiviación o volatilización, reduciendo así su impacto negativo en los ecosistemas colindantes.

Complementando esta visión fisiológica y edafológica, Fernando González, catedrático de la Universidad de León, expuso las estrategias innovadoras orientadas al desarrollo de nuevos insumos.

Su intervención destacó cómo la aplicación de productos fertilizantes de nueva generación resulta clave para amortiguar el impacto ambiental derivado del uso del nitrógeno. En esta línea, añadió que el uso de tecnologías de estabilización o liberación controlada sincroniza el aporte de nutrientes con la curva de extracción y la fenología de la planta, mejorando exponencialmente la eficiencia de absorción radicular.

Los desafíos y las oportunidades en la eficiencia del nitrógeno

Para contrastar estas estrategias con la realidad operativa, el evento, bajo la moderación de Luis Montoto Rojo, periodista especializado en economía, dio paso a una mesa redonda estructurada bajo el epígrafe de los desafíos y las oportunidades en la eficiencia del nitrógeno.

Este bloque reunió a expertos representativos de toda la cadena de valor agronómica: Ramón Pelegrí, director comercial del Grupo Fertiberia; Juan Sagarna, director de Sostenibilidad y Proyectos de Innovación de Cooperativas Agro-alimentarias de España; y María Luisa Ballesteros, consejera técnica de la Subdirección General de Medios de Producción Agrícola del Ministerio de Agricultura.

A este diálogo se sumaron José Luis Gabriel, investigador titular del INIA-CSIC, y Camino García, directora general de AEFA, enriqueciendo el debate con la perspectiva de la investigación aplicada y la industria de agronutrientes.

Durante el coloquio, se remarcó la necesidad de combatir la sobrefertilización mediante el desarrollo de innovaciones conjuntas, destacando el rol de los microorganismos y los bioestimulantes agrícolas. Estas herramientas biológicas permiten a los ingenieros y agricultores afinar la aplicación de los nutrientes con una precisión milimétrica.

La jornada concluyó oficialmente con la intervención de Juan Manuel Arroyo, director de la Cátedra Fertiberia, quien reafirmó el valor de estos espacios de cooperación para dotar de resiliencia y sostenibilidad a nuestros sistemas productivos.

Como se puede apreciar, a nivel agronómico, la gestión de la nutrición vegetal nos sitúa ante un escenario de enorme responsabilidad técnica. El nitrógeno ha dejado de ser interpretado como un simple elemento de aportación volumétrica para entenderse como una pieza dinámica dentro de los ciclos biogeoquímicos de un suelo vivo.

Bajo este marco, la rentabilidad de las explotaciones de frutas y hortalizas ya no se mide únicamente por el volumen recolectado, sino por la capacidad de los productores para generar biomasa optimizando la huella de los insumos. Y en línea con ello, interpretar correctamente las interacciones rizosféricas, apoyar la fertilidad química con el microbioma del suelo y ajustar las dosis a la capacidad de asimilación real de la planta son las verdaderas herramientas que asegurarán la viabilidad de la agricultura a largo plazo, protegiendo un recurso edáfico que, a escala humana, es estrictamente no renovable.