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La vida del suelo

La vida del suelo

Los cultivos se desarrollan sobre la tierra… hasta que interviene la mano de las personas que alteran en mayor o menor medida esta obviedad. Así hay cultivos en hidroponía en la que el concepto de suelo deja de serlo, siendo sustituido por productos inertes como la fibra de coco, la perlita, la arena, la fibra de lana, etc. e incluso simplemente dejando las raíces de la planta sobre ligeras corrientes contínuas de agua fertilizada. También los hay, en el caso de huertos urbanos con cultivos en macetas o jardineras, que utilizan sustratos elaborados por empresas especializadas, con distintas fórmulas según el tipo de especie a cultivar sobre él. Y ya, en huertos urbanos de campo o jardín, aquellos que se utiliza como base la propia tierra, son alterados en un ánimo de mejora con enmiendas orgánicas, minerales para alterar sus características físicas, etc.

Ante este panorama, se necesita una reflexión en profundidad para entender de forma natural al suelo como un elemento lleno de vida, aunque esta sea según componentes invisible al ojo humano. Para adentrarnos en este concepto (la vida del suelo), la redacción de Elhuertourbano.net ha estado hablando con Iván Closa Guerrero, doctor en biología y técnico de desarrollo de producto de Arvensis, formando parte de las nuevas incorporaciones que la empresa está haciendo para mantener el nivel de excelencia en el desarrollo de la tecnología aplicada a la agricultura, que desde hace 20 años está promoviendo, ahora ya en más de 40 países a lo largo del mundo. Iván es el vínculo entre el laboratorio y la parte comercial de la empresa, encargándose del apoyo técnico, así como del diseño y de la experimentación de trabajos de invernadero y campo. La firma Arvensis es miembro de AEFA (www.aefa-agronutrientes.org) y participa en todas aquellas áreas de la Asociación orientadas a contribuir eficazmente en el desarrollo y expansión del sector agrícola.

Según Iván la vida del suelo está adquiriendo en estos últimos años un protagonismo fuera de lo común desde una perspectiva agrícola profesional. También para todos aquellos comprometidos con la agricultura ecológica y permacultura por ejemplo y aquí, los huertos urbanos tienen mucho que ver.

Entendamos en este contexto como huertos urbanos, especialmente aquellos que se desarrollan alrededor de los pueblos y ciudades como por ejemplo los de la huerta de Valencia (España), que abastecen a los locales de frutas y hortalizas de cercanía con escasa huella de carbono en sus productos. ¿Y por qué no? también aquellos los dedicados a la enseñanza en sus grados superiores con los que además de acercar al alumnado al mundo de las frutas y hortalizas, también a comprender la riqueza biológica del suelo y su necesidad de equilibrio durante su uso.

La vida del suelo

La tierra de cultivo lleva consigo la vida

Iván Closa nos comenta que el suelo como tal siempre ha sido un concepto impopular, únicamente apreciado por sus estudiosos, pero que hoy en día está manifestándose con gran protagonismo en la gestión agrícola. El suelo no sólo engloba las materias orgánicas e inorgánicas de la superficie terrestre capaces de sostener vida vegetal, como define la Real Academia Española de la Lengua. El suelo y por lo tanto también la tierra de cultivo lleva consigo la vida y forma parte de ella.

Las interacciones simbióticas (interacción biológica y relación estrecha y persistente entre organismos de diferentes especies) que se dan en el suelo son muy variadas. Entre ellas se encuentras las micorrizas, como la simbiosis mutualista entre hongos edáficos y la mayoría de las plantas vasculares, que son aquellas que presentan haces vasculares, xilema y floema, que les permiten independizarse un poco más del medio acuático, en comparación con sus predecesoras las plantas no vasculares: algas, hepáticas y musgos.

Iván añade que otra de las relaciones simbióticas más relevantes para la agricultura y que también se da a nivel de suelo, es la existente entre las bacterias, concretamente del género Rhizobium y las leguminosas. La fijación del nitrógeno atmosférico en los nódulos de las plantas de esta familia, también conocida como Fabaceae, resulta de un gran interés para el crecimiento de estas plantas en suelos áridos y de escasa fertilidad. De hecho, el interés es tal, que investigaciones actuales del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) de Madrid, están centradas en conseguir variedades que no dependan de fertilizantes nitrogenados. Para ello pretenden aislar genes de bacterias que codifiquen proteínas de nitrogenasa (enzima que cataliza la reacción que convierte el nitrógeno atmosférico (N2) en amoniaco (NH3), molécula fundamental para las plantas) (Buren y col. 2017; 2018). De este modo, podrían conseguir que sean los cereales los que fijen el nitrógeno, y aumentar así las cosechas de maíz y arroz en países en vías de desarrollo, sin el uso de este tipo de fertilizantes.

Otras investigaciones como las realizadas por García-Gómez y sus colaboradores (2018) sobre cómo afectan los compuestos volátiles de microorganismos del suelo en el desarrollo de plantas, han llegado a inducir cambios transcriptómicos (cambios en el ARN de un tejido, célula y órgano).

Tal y como nos afirma Iván Closa, está quedado patente que la investigación, el desarrollo y la innovación son nucleares para aumentar el desarrollo de nuestros cultivos. Aplicar las nuevas tecnologías con los microorganismos benéficos para regenerar nuestros suelos, tan mineralizados, y poder obtener nutrientes de ellos; así como estudiar cómo inducir respuestas en la planta de forma exógena, son campos en los que se está trabando, como él lo hace en Arvensis.

Iván Closa Guerrero

Iván Closa Guerrero, PhD
Técnico de desarrollo de producto
Arvensis Agro, S.A.
www.arvensis.com

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