Recientemente hemos podido visitar el huerto urbano de José Soler Salvador, un huerto muy peculiar desde muchos sentidos, en el que combina hobby y experiencia en un marco incomparable: Torre Espioca.

José Soler nos comenta que ha centrado su vida profesional en el mundo de la banca y la administración de una de las fincas más emblemáticas de la localidad valenciana de Picassent, como es Torre Espioca. Actualmente está centrado en esta última actividad en la que la gestión de arrendamientos de parcelas, supervisión y gestión de cultivos e instalaciones, etc. le ocupa casi todo su tiempo. Aun así, siempre encuentra un momento para atender su peculiar huerto urbano.

De entrada debemos saber que José Soler nació precisamente en esta finca, por lo que su vida tiene un nexo de unión muy especial con ella. Durante todo este tiempo ha visto como la transformación de infraestructuras alrededor y dentro de la finca, la evolución en las técnicas de cultivos y las costumbres sociales, han ido modelado la ‘figura de Torre Espioca’, un espacio lleno de historia y que sigue siendo un emblema para el pueblo de Picassent.

El huerto urbano de José Soler Salvador

El huerto urbano de José Soler Salvador está situado junto a los jardines de las instalaciones edificadas de Torre Espioca. Una parcela de poco más de 400 metros cuadrados en el que hortícolas y frutales conviven en armonía.

Unos perales (Pyrus communis) de la variedad Ercolina, dos granados (Punica granatum), dos pomelos (Citrus × paradisi) y un níspero (Eriobotrya japonica) son los que marcan la arquitectura del huerto y están presentes año tras año.

Huerto urbano 100% frutas y hortalizas de estación

Las hortícolas acompañan a las diferentes épocas del año, por lo que la producción del huerto urbano está ligada 100% a las frutas y hortalizas de estación. No sólo se cultivan en su estación sino que las técnicas empleadas también son ecológicas y respetuosas con el medioambiente. El uso del cobre o el espolvoreo de azufre sobre la planta para el control de la araña en tomateras por ejemplo sigue siendo una práctica que no ha cambiado con el paso del tiempo.

El riego es aplicado mediante la técnica de riego por goteo y el abonado sólo orgánico, incorporado en el momento previo a la plantación.

Mientras nos explicaba la gestión de tutorado de los cultivos, José Soler nos recalcó en varias ocasiones que en el mantenimiento diario contaba con la ayuda de un trabajador de la finca, ya que su disponibilidad de tiempo es limitada y las plantas no entienden de prioridades: ellas tienen las suyas y deben de ser atendidas en su momento.

El huerto urbano de José Soler Salvador

Durante nuestra visita, el huerto urbano de José Soler se encuentra en plena producción de hortalizas de verano: tomates, judías, pimientos, berenjenas,… y los frutales con el engorde y maduración de peras y granados.

Pero en su huerto también hay espacio para frutos exóticos y así nos mostraba algunas plantas de Physalis peruviana en plena producción.

Pronto, nos comenta, comenzará con las plantaciones de coles, habas, ajos, lechugas,… para abordar la estación otoñal e invernal.

La producción del huerto urbano de José Soler es muy generosa y como él, llega a sus amigos y amistades, con los que comparte parte de ella.

Cultivo del kiwi

El huerto urbano de José Soler Salvador

Aunque no está enmarcado dentro de su huerto urbano, José Soler Salvador también posee cultivos propios a nivel profesional, entre ellos uno de los que se está imponiendo en Valencia como alternativa a la diversificación del naranjo: el kiwi (Actinidia deliciosa). Cultivo protegido bajo malla de monofilamento, se encuentra en plena producción y nos lo muestra con orgullo con su óptima producción, fruto de su esfuerzo en las técnicas y buen hacer de su cultivo.

Torre Espioca

No queremos terminar este post si hacer referencia al enclave extraordinario del huerto urbano de José Soler. Torre Espioca, entre su rica historia, es más conocida en la actualidad por una torre que lleva su mismo nombre. Una torre defensiva musulmana construida con piedra y argamasa en el siglo XI. Se trata de una torre de planta rectangular y cuatro alturas, en las que junto a ella se observan restos de edificaciones anexas. De 4,95 por 5,9 metros en su base, tiene 16,77 metros de altura, si bien inicialmente eran 18,47. Es bien de interés cultural con número 46.16.194-003 y anotación ministerial RI-51-0007339 de 19 de enero de 1993.